TE ENTREGO LA LLAVE
Por María del Carmen Ramírez
Al mudarme a esta casa, que he de decir es enorme y además de estilo antiguo, encontré en un armario una cajita, y claro, curiosa como soy, lo abrí. Dentro había una llave. Busqué por todos lados de donde sería, y finalmente, encontré una especie de puerta tras un pequeño mueble. Allí no me atreví a entrar en un principio, pero al final lo hice, no se la causa. Tuve que gatear, lógicamente, pero tras aquel túnel, encontré otra puerta curiosamente, abierta. Con sólo un pequeño empujón, pude pasar. Se veía estupendamente, así que no tuve que usar en ningún momento la linterna, en realidad era como un sótano, aunque me di cuenta de que reformado. Pensé que los muebles y las cosas que no se usan muy a menudo podían ir allí, el sótano era enorme, así que decidí eso por mi cuenta.
Sin embargo, hallé otra cosa más que me hizo desistir de mi impulso de utilizar aquello, y es que en un saliente había un diario. Y esto es lo que estaba escrito en el:
17 de enero de 1961
Cuando entré por primera vez en esta casa después de haberme gastado el poco dinero disponible, me sentí aliviada. Al fin tenía la casa de mis sueños, el hogar que en mi mente existía. Estaba tan orgullosa de mi misma que comencé a pasear por todas partes sin recordar que el propietario aún estaba allí. En realidad, aquel hombre era terrible: vender una casa tan hermosa, tan nueva, tan bien iluminada por aquel precio tan bajo… a aquel tipo le fallaba algo, de eso seguro. Decidí despedirle y que se marchara, pues ya que mostraba tantas ganas de irse, pues que no me molestara.
Una vez cerré la puerta tras él, sentí una brisa de aire frío procedente de no se dónde, pues ninguna de las ventanas se hallaban abiertas, aunque no presté atención, supuse que había sido cosa de aquel tipo, y me dirigí a la cocina.
La casa estaba completamente amueblada, de forma que no tenía nada que ordenar, excepto mi ropa, y las cosas de algunas cajas que, realmente, en las cajas se iban a quedar, pues la cocina tenía una batería completa, una cubertería, una vajilla y así todo. Me daba un poco de miedo, pues no quería que aquel tipo regresara pidiendo nada, aunque aparté esos pensamientos al instante, era hora de disfrutar.
Mientras cocinaba, oí un ruido. No supe de donde había llegado, pero me asomé al salón y le vi otra vez. ¿Yo no le había visto salir y cerré luego la puerta? Me quedé casi hipnotizada sin saber que decir ni hacer.
-Me olvidé de entregarle la copia de la llave que yo aún tengo. Aquí la tiene.
Y se marchó.
En aquel momento me puse de mal humor. El tipo no sólo se quedaba con una copia de la llave, también había entrado en una casa como si fuera suya. De verdad, aquello podía conmigo, ya no vivía allí, pero para él, como si lo hiciera. Menudo… se me quitaron las ganas de comer, aunque tomé algo.
Durante el día no paré de limpiar la casa. Parecía no terminarse jamás y se escuchaban unos ruidos muy extraños, aunque no presté atención y la casa, aparte de hermosa, después de tanta limpieza estaba reluciente. Me tumbé en el sofá y me quedé dormida. Jamás, hasta ese día, había dormido tan plácidamente.
Pero cuando desperté… no puedo explicar con palabras lo que pasó por mi mente, y lo que sentí: la casa estaba tal y como antes de limpiarla. Nada permanecía limpio, y además, algunos cuadros que no estaban antes, permanecían expuestos, la casa parecía del siglo XIX pero ya no solo por los muebles, también por los cuadros, las cortinas y la suciedad acumulada.
Se me ocurrió la idea de que tal vez lo de haber limpiado había sido solo un sueño, y que los cuadros y las cortinas quizás ya estaba desde un principio y yo no los vi, pues se suponía que lo había hecho después de fregar los platos y, estaban allí aún con restos de mi comida, de modo que tras beber un vaso de agua, no tenía apetito, me dirigí a la planta de arriba para irme a dormir, pero claro, a una cama, no dormir en el sofá.
Cuando llegué, también arriba, todo estaba como si no hubiera limpiado nada, pero estaba muy cansada, me dirigí a la cama, y, sin quitarme la ropa, me acosté.
Con la salida del sol me levanté. Bajé a desayunar y me puse a limpiar, otra vez. Yo llevaba muy poco en la ciudad, no tenía trabajo y no conocía nadie, pero no era mi preocupación esa, lo único que yo quería era vivir y, por supuesto, estabilizarme en aquel paraíso que era mí casa.
Por la tarde, ya con todo limpio, me dí cuenta de que había una puerta tras un pequeño mueble antiguo que, milagrosamente, no había limpiado. La curiosidad me picó y la abrí. No me costó hacerlo, de hecho, estaba abierta. El mueble la mantenía cerrada. Era un lugar estrecho, frío y muy oscuro. Corrí en busca de la linterna, pude entrar, ansiosa por saber que había en su interior, que se ocultaba allí, para que sirviera aquel lugar.
Pude ver que era una especie de túnel que daba a una puerta. Era blindaba o al menos eso me parecía a mí, mis ansias por saber que había allí se acrecentaban por momentos haciéndome olvidar hasta el paso del tiempo. Logré después de varios intentos abrirla, era como una ventana en una lúgubre habitación más oscura aún que el túnel. La linterna sólo me servía para ver un poco donde iba pues yo gateaba, pero nada más, y no llegaba al suelo de aquella estancia que yo acababa de encontrar, aunque me arriesgué y salté, pues aunque no veía el suelo, tiré un zapato que me quité y llegó pronto, así que le seguí.
Al fin pude ponerme en pie.
Sin embargo, aquí si había luz. En un principio me extrañé, pero luego me dí cuenta de que podía estar conectada a la corriente eléctrica principal de la casa.
Y cuando me giré, un grito de horror quedó atrapado en mi interior: era una habitación antigua, muy limpia, muy ordenada, muy… bueno, en realidad es como toda la casa, de estilo antiguo pero es que aquí no había polvo, no había nada. Estaba como si la hubiera limpiado.
La cama era pequeña, observé que las sábanas eran de seda y la madera muy buena, también había figuras de diversos países sobre una estantería repleta de libros antiguos y varios cuadros que me parecía haber visto antes en el salón…no creía lo que veía, era imposible… aunque no pude detenerme mucho, en las paredes diversos escritos con sangre me decía que yo era la próxima, y lo hacían con mi nombre, era como si alguien estuviera escribiendo en ese mismo instante para gastar una broma pesada.
Quise salir por donde había entrado, pero no podía, se había cerrado y no parecía que hubiera otra salida. Grité, golpeé, no quería, ni quiero, quedarme aquí, nadie sabe de mí, ni de la casa nueva… y el tipejo que me la vendió me entregó su llave el día anterior… nadie entraría allí… nadie…
No se cuanto tiempo pasé golpeando esta especie de ventana, pero sentí una brisa de aire frío detrás y me giré: una mujer vestida de blanco, como si fuera del siglo XIX, me miraba. Sus ojos eran negros igual que su cabello. Me hablaba pero no podía oírla. Quise alejarme de ella, y fue entonces cuando vi que en su mano llevaba una llave idéntica a la mía. Aquella mujer también había sido propietaria, tal vez la primera, pero aquí, en esta habitación, tenía de todo lo que necesitaba: cama, mesilla, ropero, estantería, mesa, silla… me di cuenta entonces de esto es enorme ocupa casi lo mismo que la casa. No quise imaginar lo que debía haber sido estar allí encerrada e intenté hablar con ella, no se el motivo por el que quise hablar, lo ignoro.
-¿Quieres salir de aquí? ¿Quién te encerró? ¿Qué pasó? ¿Cuánto llevas aquí? –No sabía de dónde salían aquellas preguntas mías, no controlaba mis actos, ya lo he dicho.
-Bienvenida, disfruta de la eternidad. –Y desapareció. No he vuelto a verla, aunque la hecho de menos, claro que aquí, sin conocer el motivo, sin poder salir y sin ver a nadie… se echa de menos al mismísimo demonio. He tenido suerte, no obstante, la luz no se ha ido, yo no he envejecido, no tengo hambre, ni sed… paso los días limpiando y caminando, no se cuanto llevo y si no recuerdo mal, dejé puesta la comida, seguro que alguien huele a quemado y viene, aunque espero que sea pronto, me gustaría saber si Kennedy llega a la Casa Blanca.